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lunes, 15 de marzo de 2010

Tipos de hombres. Vol 8.

Elamigoconderechoaroce-que-no-roza: La pasas bárbaro pero dura hasta que te hartás del histeriqueo. En primer lugar, cabe presentarlo: este tipo de hombre la mayoría del tiempo está al acecho de alguna damisela que sucumba ante su imagen de muchacho cool y comprensivo. Entre arrimes de bochín en son de paz y caras de perrito lastimado, va conquistando terreno. No lo mirás, o casi nada; aunque de vez en cuando te preguntás el famoso "¿qué pasaría si...?", pero el asunto queda sólamente atorado en la pregunta. Él ocupa el papel de pseudo-psicólogo de 2 de la mañana, de escucha amoroso. "¡Qué chanta, Bruno! ¡Volvió con la ex! Esa arpía...". Y sólo se limita a darte la razón: sí, sí, que chanta, que chanta. Obviamente, siguiendo sus instintos no pierde la oportunidad de meter un bocadillo: Pero ese chico no era para vos. Es un nabo. Vos estás para otra cosa. Como abriendo una dicotómía entre todos los hombres del mundo, él mismo sigilosamente se disfraza de cabecilla luchando contra el escuadrón de los malos en la Liga fantástica, salvándote al estilo de Penélope Glamour del malvado Pierre Nodoyuna, ¡a VOS! que supuestamente por tener los ojos cerrados, no lo ves. Si lo analizamos es muy siniestra la coartada. Queda más que sentado que él te comprende, sí. Pero a la vez te dice que ya vas a encontrar a alguien que te comprenda. ¡Gol! Él te dice que te quiere mucho, sí. Pero también te dice que ya vas a encontrar al alguien que te quiera mucho. ¡Gol! Este espécimen es maradoneano, corre 50 metros esquivando rivales, se hace un autopase y la clava en el ángulo de palomita. Las quejas de una con respecto a los hombres son directamente proporcionales a sus arrimes de bochín. Cada vez más aumentan las indirectas; en criollo, los famosos palos. Obviamente todos seguidos de la famosa risa redentora, o del "jajaja" si la charla es cibernétca.

-¿Tu mamá estudió cine y tu papá letras?...¡qué lindo! ¿No me quieren adoptar?
-Dale, ¿te cabe el incesto? Jajaja!
-...

Prosigamos. Como bien dice el encabezado, este amigoconderechoaroce finalmente no roza. Te tira todos los palos habidos y por haber y, en sus acciones, a veces torpes, te das cuenta de que hasta se pone un poco nervioso en tu presencia. Y vos lo querés, sí. Te sentís bien con él, también. Aunque nunca lo viste de otra manera, todos los tantos que fue sumando, al fin y al cabo, nivelan la balanza. Lo invitás a cenar, vino de por medio, guitarra fogonera, y ¡BOOM! Nunca te diste cuenta cómo ni cuando pasaste de escupir un carozo de aceituna a tenerlo enroscado al cuello cual novela de Arnaldo André. El súbito fervor del vino te hace olvidar lo que va a pasar mañana y te dejás llevar por la situación. Hasta que una chicharra te taladra los tímpanos: ERROR, ERROR. El muchacho se frena y te dice: Sos mi amiga, no puedo.

Y te deja tan perpleja que ni le respondés. No entendés si es un chiste. No entendés por qué. ¿Sólo fuiste un trofeo o una presa de su histeriqueo? Pero en un súbito ataque de rabia, tu boca expulsa un manojo de palabras:

-Pero quedate tranquilo eh, porque yo nunca querría ser más que éso.


domingo, 22 de noviembre de 2009

Tipos de hombre. Vol. 7


El familiero: Simplemente te dura hasta que te das cuenta de que en realidad tu pareja no es él sino su familia. De buenas a primeras, la cosa empieza relativamente sin indicios de peculiaridad. Chico normal de cuellitos planchados y con tendencia a demostrar sensibilidad (ojo, NO sentimentalismo) que generalmente a la mayoría de las mujeres nos atrae. Salimos, la pasamos bien, nos damos cuenta de que podemos charlar...y WOW, nos sorprendemos de que ésta vez la montaña rusa se haya quedado en el parque de diversiones. Pero (porque siempre los hay), él empieza a arrimar el bochín hacia SU lado de la familia. "Che, me acompañás a visitar a la nonna que está con gripe?" (¿y encima que la vieja me contagie? Puffff, ya mismo voy corriendo), "Mi mamá prepara unas pastafrolas para chuparse los dedos...el domingo podemos ir a almorzar con ella, ¿no? (¿cómo me dijiste que te llamabas?). Y ya cuando el familiero toma descarada confianza, "Ahhhh, me olvidé de decirte, perdón, cambié un poquito los planes, si no te molesta, la familia nos está esperando en el restaurant, reservé recién". Y ahí lo querés mandar a la Quiaca con madre, Nonna y una patada en el orto de regalo. Aunque, atenti, esta reacción no es producida por el malhumor ni en pos de un arquetipo de Bittered-woman, sino que esta clase de hombre mete todo en la misma bolsa, y vaya a saber según qué tipo de razonamiento lógico llega a la conclusión de que vos sí querés relacionarte con su familia. ¡Y todo aquel signo de concenso (¿no?, ¿vamos?, estaría bueno...¿dale?) sólo da acto de presencia! Es como el pecebre del árbol de navidad, la cubetera vacía en el congelador, o el rollito de papel higiénico vacío...ése que lo ves así de reojo y te das cuenta de que no podrías haber tenido menos culo (¿o más?). En realidad él no te consulta, sólo teje y desteje a su piachere. Y sos VOS la que se está agregando a tu familia, no ÉL a tu vida. Pero aceptás conocerlos. Intentás redimirte de toda culpa e imágen de bruja y así vas cayendo en sus garras porque...no puede ser tan malo, ¿no?. Minga. La madre te detesta porque le robaste a su angelito y además: "me gustaba más la anterior", osa decir Tuhtankamon mientras vos vas al baño, te mira de reojo, te sirve última se lleva a tu chico a que lo ayude en la cocina (y el va moviendo la cola cual pekinés, claro) y a vos te dice: ¿querida, le hacés compañía a la abuela? (que duerme y ronca como una motosierra oxidada y...¡ELLA LO SABE!). ¡Ah! pero no le cambies el canal eh, dejale la RAI porque ella duerme lo escucha (what the fuckkkk?!) Y cuando -¡al fin!- se van...el familiero osa preguntarte: la pasaste bien, ¿no amor? Se te notaba en la cara, ¡qué linda! Sé que querés que volvamos mañana.

Y ahí llega el momento en que lo mirás, él piensa que lo vas a besar... y vos superás tu marca de 500 metros con obstáculos por Avenida Santa Fe.

sábado, 17 de octubre de 2009

Tipos de hombre. Vol. 6


El Perfecto: éste te dura hasta que su perfección queda derramada por el suelo como un sachet que se desinfló y te enchastró toda la heladera. Siendo sincera, no sé de qué manera incurro mayormente en un cliché: afirmando que la “perfección” es subjetiva o que realmente la mayoría de las mujeres sí se adapta a los estereotipos populares. Porque, claro que cada una reacciona de diferente manera a los estímulos del medio y toda la perorata, pero…con una mano en el corazón, ¿quién no termina sucumbiendo alguna vez ante el muchachito de cabellos perfectamente despeinados, faroles que gritan “¡mirame-mirame!” y humor inteligente que nos saca una sonrisa Colgate cada vez que pensamos paren el mundo que me quiero bajar?; ¿Quién, en algún momento, no sucumbe ante él? El mismo que disfruta de la literatura en solitario, el cine y la buena música-no-hitera. El independiente, el joven emprendedor, el sensible pero no sentimental-meloso-fanáticodeArjona. El reservado pero social, el rústico pero sofisticado, en fin, aquel que aunque una se exprima la materia gris (por lo menos a simple vista) no lo verá más que como el hombre encantador/inteligente/y/bonito. Realmente pongo en tela de juicio la verosimilitud del argumento al rebatir: “a mí no me pasaría nada con alguien así”. No interesa ni la intensidad ni la duración, no interesa si una se enamora o si simplemente nos mueve un poquito el piso en primavera, pero que el 99% de las personas alguna vez cae como triste palomita, LE PONGO LA FIRMA. Me parece plausible aceptar que al hipotetizar sin la posibilidad de ahondar pragmáticamente –obviamente, ya que sino perdería el carácter de hipótesis- sí se puede llegar a pensar de tal manera –tal vez por no querer aceptar la atracción antes de “conocer” en considerable profundidad a la otra persona-, pero vamos a ver si después de que este espécimen despliegue sus encantos (a veces involuntariamente, lo cual echa un poquito más de leña al fuego), se sigue pensando lo mismo. Porque, además, no hay nada más intrigante que una persona que nos atrae por ache o por be y que esa persona no esté enterada de sus inconcientes armas de seducción -o por lo menos de aquellas que nosotras vemos-). Probablemente, aunque tampoco deseo incurrir en una falacia, el perfecto está más allá de la vanidad. Es decir, el natural perfecto está más allá de la vanidad, NO el fingido perfecto. Yo creo que las mujeres (in)concientemente pensamos: “¡no está enterado lo potable que es! Me apuro antes de que me serruchen el piso o se avive y se vuelva un banana de aquellos”. Así que eso nos crea una comezón en el estómago y, realmente, no sabemos si son mariposas de interés o polillas de incredulidad. Ustedes saben que cuando el cocktail se empieza a batir, nosotras mismas somos las últimas en enterarnos de lo que realmente sentimos. Entonces…más chances para el Sr. Perfecto. Y cuando el aspecto físico suma puntos y la personalidad también, la cosa se pone complicada, Ladies. No digo que siempre, pero que casi, seguro. Ya introducida la primera etapa, es necesario instar que las segundas partes siempre son peores. Y sí, la venda se suele caer de los ojos. La mayoría de las veces guardamos el traje de ciegasordomuda en el cajón y nos damos cuenta de que los espejitos de colores dejan de brillar ante el primer signo de chubasco. A mi parecer, pueden pasar dos cosas: el Sr. Perfecto, con toda su perfección incluida, finalmente no nos termina moviendo ni un pelo o termina siendo tan imperfecto que nos odiamos a nosotras mismas por comprar oasis en el desierto. Nos harta su personalidad de hago-todo-bien y nunca le vas a entrar el pelo al huevo o termina siendo un verdadero desastre. O nos aburrimos o nos horrorizamos. Y ya desde el principio conocíamos ésta Crónica de una muerte anunciada, pero en nuestro afán del Sr. Perfecto no nos importó. Nos deleitamos de tal forma con la absurda concepción de la perfección que omitimos un pequeño detalle: si alguien es perfecto, ¿no quita la cuota de sorpresa? Es decir, al pensar que X es perfecto ya tenemos una listita mental en donde enumeramos tales o cuales características califican para hacer de esa persona perfecta. Ya teníamos el playmovil implantado en nuestras mentes y lo único que ocurrió fue que una persona llenó ese lugar creado de ante mano por nosotras. Y cuando lo llene íntegramente, seguirá en el rol del perfecto; y ni bien se salga de ése altar, dejará de serlo. Difícil disyuntiva: o cuadra o no cuadra. Si cuadra, ¿no sería algo así como que estaríamos saliendo con nosotros mismos? O con nuestros esquemas, que es básica –y alevosa-mente similar. Y si no cuadra... ¡también! Porque lo rechazaríamos por no encajar a imagen y semejanza de una foto del principito que teníamos pegada en la puerta de la alacena. ¿O será, que en general ocurre esto mismo? ¿Vemos en el otro lo que somos nosotros?; ¿Será puro narcisismo o tal vez antinarcisismo? ¿Buscamos aquello de nos gusta de nosotros en el otro y lo propio que no nos gusta lo repelemos? Narcisistas por vernos reflejados en el otro, y en realidad cuando halagamos al susodicho –además de ser un gesto recompensado por demás en la pareja- le estamos dando palmaditas en la espalda a nuestro propio ego. O por el contrario, cuando vemos los defectos que tenemos reflejados en el otro, no podemos ni acercarnos, porque eso significaría lidiar con aquello que en el fondo más nos molesta: que nos podemos deshacer de otra persona pero no de nosotros mismos. Y entonces para ni siquiera recordarlo, directamente evitamos el trámite. O mirándolo de otra manera, la respuesta por la que la gente a veces dice: “NUNCA me podría gustar el so-called Mr. Perfecto”, y éso, porque –justificadamente- repudian la idea de que exista éste tipo de persona, justamente por el posible carácter subjetivo de los gustos personales y su respectiva autonomía desmasificada, pero además, porque de antemano saben que al salir con tal persona que se despliega por el mundo de una manera ideal –y a menos de que consideremos que una también es ideal, lógicamente varía con respecto a nuestro actuar- se verían llevadas al borde de la pileta y con el dedo gordo tantearían el agua, preguntándose: ¿puedo dar vuelta mis bolsillos para adentro y figurarme un posible cambio para bien, pisoteando ésta sobreadaptación que hace tantos años rutinicé?;¿Será que las personas se fijan en aquellas que desempeñan sus actividades deficientemente para alimentar su ego y sentirse con poder aún al compararse? Eso con Mr. Perfect sería imposible. O será que al elegir a tal persona desempeñada con una calidad “inferior” llevan a cabo una especie de catarsis, al afirmar: “yo te quiero con todas tus imperfecciones y errores”. Uno se puede enamorar de cualquiera, el amor elige y no nos pregunta. Pero es el genuino amor el que se desempeña de ésa manera, aquel que nos causa un temblor en el piso y se transmite hacia el cuerpo, la mente y el alma. Aunque, ¿cómo llamar a ese tipo de cariño que uno puede manipular de cierta manera o “amoldar” desde los pensamientos? ¿Es decir, al amoldar éste tipo de cariño y conciente/inconcientemente elegir a éste tipo de persona con sus mil quinientos defectos y manías, uno no se siente más soberbiamente noble?; ¿Sería algo así como hacer un acto de bien aceptar al otro, no? Aunque tal vez sólo sea una manera de justificarse a uno mismo pensando que en el resto de la vida sí es posible que sea una basura de persona, pero, “¡ah! No señor, en los terrenos del amor soy otra persona, alguien que no juzga y acepta al otro”. ¿Un poco Maquiavélico tal vez, no? “Te perdono no porque realmente te acepto, te perdono en realidad para perdonarme a mi mismo por lo que soy”. O tal vez este perfil de persona venga como anillo al dedo para ser aceptado. Es decir, al perfecto hipotéticamente no habría que “tolerarle” ningún defecto, y ahí empieza la película de terror porque “si a él no le tengo que aceptar ningún defecto y él a mi sí, yo estoy en desventaja” ¡Y eso para el ego debe ser como los piojos para los niños o la sarna para los perros!
¿Es posible que la mente esté tan rayada? O que las personas puedan pensar –o si existiera el término- impensar, de esta manera? Pareciera que el Perfecto a primera vista puede parecer cómo un modelo de bellezas de todo tipo o como una amenaza, ¿no? Como alguien por quién es casi inevitable sentir un interés, reprimiendo o expresándolo. Usarlo como espejo o contra espejo. ¿No será que realmente nuestra propia amenaza somos nosotros?

¿Se habrá apresurado Sartre al afirmar que el infierno es el otro?

martes, 19 de mayo de 2009

Mujer-morrón




La mayoría de los hombres inteligentes prefiere salir con mujeres huecas porque sino se sienten menos.



sábado, 18 de abril de 2009

Tipo de hombre Vol.5

El optimista: Inofensivo pero monótono. Siempre con la sonrisa de Ronald McDonald. Argentina pierde el mundial; él, sonriente. El banco, por corralito o corralón, le retiene los ahorros, y él, sonriente. Se le pincha una goma al auto en la ruta 41 partido de Loma hermosa (que de hermosa solo tiene el nombre); y él, cómo era de espertar, ¡está sonriente! No se sabe si él está más allá, superado, si es prototipo del superhombre Nietzscheano, o si realmente es un Muppet de sonrisa inamobible. Y ojo al piojo, este hombre, debido a su inofensividad, puede llegar a resultar peligroso. ¿Cómo? Y…es capaz de desatar la violencia que como buena samaritana una guarda bajo el tapete o deja en la puerta de la clase de yoga. Este hombre, obviamente, que los hay los hay, hace saltar la térmica y, aún peor, nos obliga a reprimir la ira. Una realmente no puede enfurecerse con un simple y simpaticón optimista. Muy interna-y oculta-mente deseamos que fuera el típico-hombre-basura, al menos para tener un pretexto de queja. Paradójicamente, él es todo lo contrario. Entonces, vale preguntar, ¿es posible que las mujeres a lo largo de los años hayamos incorporado un “chip” que solo nos permite buscar hombres que sabemos (sobre la base fáctica de su prontuario) que nos van a lastimar?; ¿será que lo hacemos porque de antemano nos figuramos una posible ruptura, de modo que podríamos fácilmente excusarnos sobre la base de sus ya conocidas y “reprochables” características?; O, ¿será que Holly(bolly)wood nos lavó de tal manera el cerebro que nos acostumbramos a sufrir y a incorporar la absurda idea de que con llanto de por medio las relaciones son más interesantes? En fin, ¿habremos hecho al melodrama parte de nuestras vidas? Estas preguntas llevan, inevitablemente, a vislumbrar el famoso síndrome de la gataflora. Ya nada nos llena y al sentirnos vacías en lo que encontramos, nos remitimos a encontrar aquello que nos lastima como manera de justificación del hecho de que luego cuando encontramos algo que nos place, no lo podemos manejar. Y ahí, ¡zás! El gran comodín utilizado como excusa es: tuve malas experiencias con los hombres, me lastimaron mucho. Y claro mujer, si vos misma inclinaste y extendiste la relación hacia ese sufrimiento y finalmente cuando apareció aquel hombre que valió la pena, te pusiste las botas de la gataflora y otra vez, the show must go on, encarnaste su papel a la perfección. ¿Qué tiene que ver esto con el optimista? Que tal vez tengamos que aprender un poco (¡solo un poco!) de él, dejar el drama a un costado y darle luz verde a las causas y azares. Apreder de un ser no es un aliciente para relacionarnos con él, simplemente podemos ser espectadores conformando una cuarta pared. Ah, sí, y, ¿el raid de la gataflora? Amor Fati, es decir, la complacencia con las decisiones que uno mismo tomó. A veces, todo no se puede. Y se corre con una ventaja, porque...¿más sabio que uno para elegir sobre la propia vida, quién?

viernes, 17 de abril de 2009

Tipo de hombre Vol.4

El toquetón: Músico frustrado, lo gusta tocar 24/7. Le hablás sobre la inseguridad, te toca una goma; le hablás sobre las elecciones de la UCR, te toca la otra. Las manos de este hombre y tu cuerpo son polos opuestos que se atren. Vos no sabés si te escucha o no, él solo quiere tocar. Aunque…¡Vamos! las reglas de la pareja son un mundo aparte. Si él es toquetón y a ella le gusta el toqueteo, mejor imposible. Pero…todo tiene un límite, y el toquetón de pura raza no se puede resistir. ¿Hasta cuándo dura la paciencia? Hasta que que él empieza a desplegar sus tentáculos en público. Estás con tus amigas, bueno, le dirigís una mirada y él desiste (o eso esperamos). Pero ya los límites empiezan a perder flexibilidad cuando te toca delante de tus viejos, de los nonos, de tu jefe, de todo el mundo. ¿Qué onda, flaco?; ¿es primavera y estás en celo? No, ni el día, ni el horario, ni la receta de los sconnes afrodisíacos de la abuela tienen importancia; no hay nada que hacer, el toquetón ha nacido toquetón y así morirá, intentanto tocar, tocar y tocar.

lunes, 30 de marzo de 2009

Tipo de hombre Vol.3

El metrosexual: Hombre inofensivo en vías a una relación no duradera. Este es tipo de hombre que se se mira en los espejos de las vidrieras, tarda una hora en el baño emperifollándose y hasta osa depilarse (¡a veces la depiladora en dónde vos lo hacés!). ¿Cómo se desarrolla en el tiempo un vínculo que con una persona que tiene el espíritu de una Baby Malibú y que lleva en su kit-personal la pincita de depilar, la crema hidratante y si pudiera, seguramente, el secador de pelo?; ¿soportamos las mujeres tener una relación con un supuesto macho viril que se cuida más que nosotras?; ¿será que tenemos tan internalizado es so-called rol femenino que no concuerda con nuestro atractivo intuitivo ver a un hombre desplegando este tipo de metro-actividades?; ¿somos nosotras quienes autocumplimos la profecía del segundo sexo, tal vez, adoptando como natural el papel de la feminidad? Cuidado, acá es donde Susanita resurge de las cenizas y cautelosamente taladra tímpanos con ideas que adoptamos como natas…pero que en realidad, ¿no fueron establecidas por la sociedad? Desde los tiempos de Lucy, pero establecidas por la sociedad, al fin. Por eso mismo, éste es un hombre inofensivo. Él no molesta para nada, solo le gusta cuidarse. Entonces, ¿somos nosotras las que nos cerramos ante un hombre distinto, sin necesariamente ser éste un calificativo negativo? Tal vez el metrosexual roce los límites del narcisismo, tal vez no. Tal vez el metrosexual valga la pena el intento tal vez, no. Tal vez nos preocupamos demasiado por los pre-conceptos sociales, tal vez sí, seguramente.



Tenga cuidado, Susanita acecha.

Tipo de hombre Vol.2

El que-no-tiene-filtro: Este dura muy poco. Desde el mismísimo momento en que te hace pasar vergüenza en público, es historia. ¿Flaco, no podés cerrar ese gran megáfono que tenés de boca y no contar en presencia de mi jefe cuantos orgasmos tuve la última vez? In between, por ejemplo, hay padres que son conservadores, estrechos, moralistas (vejetes verdes y oxidados, para el lunfardo), entonces, este señor de boca grande, con su radar para captar momentos en los que puede importunarte, empieza a describir las variadas posiciones que practican en la cama, la cocina y hasta el grito de Tarzán desde el ropero. Conflicto generacional a la vista. La cara de tu vieja se torna de un tono verde violacio, finge que no escucha y mira la televisión (¡¿Má, desde cuándo te interesa el proceso de polinización cruzada en las coníferas de la selva tropical que pasan por Animal planet?! Inaudito.) Básicamente, ella considera un pecado capital que su inocente hija (si, si, vos), esa que jugaba en la primaria con las Barbies, tenga relaciones sexuales antes del matrimonio. Y además, está demás decir que te considera una traidora porque VOS le habías prometido que hasta la noche de bodas llegabas virgen, pero claro…eso lo dijiste cuando tenías…¿6 años? Pero ya sabemos que Doña Rosa es una experta a la hora de sacar los trapitos al sol y sobre todo de contexto (ay, cuando crezca quiero ser bioquímica; ay, quiero casarme de blanco, tener tres hijos y un Golden retriever que me traiga el diario todas las mañanas, ay ay y ay!) No falta oportunidad para que la bendita madre deje escapar un suspiro o un reproche porque tu ideología actual ya no concuerda con tu edad de oro: la ninez. Allí todo era color de rosa, sueños utópicos, principes azules y un soñado batallón de hijos. Allí todo era color de rosa cuando eras…¡Susanita! Y ahora que se avecina la rebelión-en-la cama y el estandarte feminista en mano, te convertiste en el anticristo. No todas las madres son así, claramente. Pero Doña Rosa, si existiera tal premio, sería galardonada con una estatuilla llamada: “soy la asesina de Simone de Beauvoir”. Aunque, claro, a cada pié, un zapato. Unas son libertarias y otras conservadoras. Unas te regalan la tanguita de encaje y otras te la queman en el asado del domingo. Pero por sobre todas las cosas, el bocón siempre va a poder descubrir qué es lo que vos no querés que sea divulgado, y entonces ¡zás!, abre la boca, te hace quedar terriblemente y vos lo único que querés es que te trague la tierra.

Tipo de hombre Vol.1

El depresivo: Dura lo que un rollo de papel higiénico en baño público. Hay que admitir que primero nos engaña, seguramente, con algún discursito emo. Entonces pensamos que nos ganamos la lotería por haber encontrado a alguién que sabe desarrollar empatía y sensibilidad, que realmente tiene sentimientos profundos. Epa, a no equivocarse. Todo esto es un preámbulo, en una semana, el hombre sensible, con sangre en las venas y de corte profundo pasará a ser el hombre sensible que se quiere cortar las venas con un corte profundo (y encima mancharte la alfombra). Insoportable, perseguido y con mil y un complejos de inferioridad. Básicamente no se lo tolera más de 20 minutos reloj. Ah, y obviamente el Apocalipsis llega cuando vamos al cine a ver una película romántica con el susodicho. Demás está decir que llora en los avances, llora durante y llora después. Se acuerda de todas las mujeres que lo maltrataron. Martita, la que se comió su plastilina en el jardín de infantes; Anita, quién lo rechazó durante toda la primaria; y Doña Rosa, su vieja, quién no lo amamantó de bebé. Te cuenta las historias una y otra vez, te pide consejos; que, obviamente, no le podés dar porque no escuchás ni sola una palabra de lo que dice. Y finalmente, después de que este energúmeno te chupa el alma y la paciencia, te decis a vos misma: ¡te juro que no soy yo, sos vos!